Archive for the ‘patati-patata’ Category

Tres pisos

July 6, 2012

En el infierno de la Divina Comedia de Dante los pecadores le piden al poeta que mantenga vivo su recuerdo a través de sus historias; en el purgatorio las aguas de los ríos Leteo y Eunoe prometen olvidar los males y recordar las cosas buenas respectivamente, y en el séptimo cielo del paraíso están los espíritus contemplativos.

Ayer fui al Museo del Banco de la República, en Bogotá. En el primer piso está el espacio El Parqueadero, donde se exhiben los trabajos de los artistas de la región seleccionados por el proyecto curatorial La Cooperativa. La exposición Historias de Pared de Sophie Calle, ocupa el segundo piso y en el tercero la Fundación Mapfre presenta una restrospectiva del fotógrafo suizo Gotthard Schuh (1897-1969)

Primer piso. En primer plano “Voiture Balai” de Manuel Quintero.
La foto es de las pruebas de la obra, que ví ya terminada, pero sirve para ilustrar el carácter vital y casi caótico de este complejo conjunto de obras en proceso. Hay panfletos y fichas técnicas que explican lo que sucede (o no) e incluso algunos artistas están presentes para contar de qué se trata su obra. Hay manifestaciones de inteligencia y seria dedicación por todas partes, y sale uno con la sensación de que salen cosas interesantes de la incesante necesidad de ser recordados, de querer hacer una marca en el mundo.


Segundo piso. Una de las fotos de la obra “Dolor exquisito” de Sophie Calle.
La foto tiene significado porque hace parte de una historia, y su valor estético no tiene nada que ver con la foto misma, reside más bien en ese sello rojo que la identifica como parte de una obra, haciéndola a su vez invisible. Todas las obras de Sophie Calle tienen una especie de ansiedad narrativa, como de verborragia estetizada. Hay palabras por todas partes. Ella quiere olvidar pero no hace sino recordar. Bebe de ambos ríos, como el poeta.

Tercer piso. Todas las fotografías de Gotthard Schuh me recordaron eso que dijo Diane Arbus acerca de que la fotografía es un secreto acerca de otro secreto: entre más nos muestra, menos sabemos.

Esta entrada de blog es acerca de la extraña (pero no nueva) sensación de angustia que me asalta cada vez que veo las buenas intenciones del arte contemporáneo local, la desconfianza que me generan las obras de artistas contemporáneos consagrados cuya aura deslumbra a todos los que quieran dejarse deslumbrar, así me guste mucho lo que vive Sophie Calle, y sobretodo acerca de la profunda nostalgia que me produce la silenciosa fotografía en blanco y negro. Es como si desde su humilde existencia (un instante de tiempo, un fragmento de mundo congelado) me estuviera hablando de las cosas más importantes y esenciales del arte y de la vida. En estos tiempos de instagrams y cámaras en todos los teléfonos, la imagen fotográfica se ha devaluado, sí. Quizás por eso los artistas necesitan las historias, los conceptos ingeniosos y los efectos especiales para devolverle su valor. Pero es como si no estuviera funcionando. Nadie contempla por más de 5 segundos una foto más con filtro envejecedor. A nadie le interesa porque no dice nada, así tenga un texto al lado. Al menos a mí no, perdón.

Volviendo a mi superficial analogía, dice el poeta que en el paraíso están los espíritus contemplativos: no me cabe la menor duda.

Cuerpo sonoro

August 30, 2010

Esta parece ser la temporada de los talleres. Quizás voy a poder añadir a mi hoja de vida la palabra “tallerista” si sigo en estas. “Tallerista profesional/ocasional”. “Tallerismo”. “Tallerización del conocimiento”. Ummm.

El taller es una experiencia bien particular. A diferencia de las clases que hacen parte de un curso largo, estructurado con intenciones pedagógicas específicas  y objetivos importantes, el taller es conciso, dura poco y no se hace de manera regular (a menos que se vuelva un hábito: “tallerizar”, “tallerísitica”, “tallerear”).

Como píldoras de astronauta reuniendo en un pequeño trozo de materia los nutrientes necesarios para sobrevivir una jornada espacial, el taller quiere comprimir en un corto espacio de tiempo una experiencia que pueda acercar a los participantes al tema planteado. Un taller de roscones no lo hace a uno panadero, pero quizás algo empiece uno  a entender de los procesos para obtener una masa horneada y comestible.

Bueno, la cosa es que dictaré un taller para la escucha y la producción de sonidos con el cuerpo en el marco de la exposición de arte sonoro que se lleva a cabo por estos días en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, MamBo. Quizás los visitantes a la muestra, que tiene desde piezas escultóricas con ruidosas alarmas escolares hasta un pantalón de camuflaje con unos cascabeles cosidos al estilo mexicano (la pieza no produce sonido pero la sugerencia que hace es muy buena), se sientan un poco desconcertados porque no van a ver una exposición sino a escucharla, así que se supone que este taller los ayudará a acercarse al asunto del sonido y eventualmente, empezar a entender o apreciar mejor lo que sucede adentro y afuera del museo, así como adentro y afuera de su propio cuerpo.

Veremos cómo nos va. Espero que sea más sabroso que un desayuno de astronauta, así no provea la misma cantidad de nutrientes.

Jueves 16 de septiembre, 2010, a las 4:00p.m.

If only tonight I could sleep

August 27, 2010

I needed a tape for the sound workshop we just did in this amazing hacienda in the lush coffee region of Colombia. So I grabbed a couple of used ones I could record on, and headed to this place on a 9 hours bus ride through the most dangerously curved road ever, ironically called La Línea (the line). I was bored and scared, which is a curious mix of feelings. So I decided to check one of the tapes out. It was decorated with a handwritten imitation of the typography on the original CD it was recorded from. It was The Cure’s “Kiss me kiss me kiss me”. I think I hadn’t listened to that album, and to The Cure for that matter, for more than 15 years. Yes, I’m old. Anyway, the hair on my neck (I’m not THAT hairy) was standing up, suspended as I listened to songs like “How beautiful you are”, “If only tonight we could sleep” and “Like cockatoos”. Especially those three. It was probably the songs bringing back memories, as they say. But no. I hated being a teenager, so why feeling thrilled? it certainly is a pleasure to recognize melodies, textures and to understand the lyrics. But to that extent? In the book “This is your brain on music”, Daniel Levitin, among many other interesting explanations, says that we become emotionally attached to the music we listen to as we grow up and configure our personality, so it may be only natural to feel the way I felt. I listened to The Cure until I couldn’t bear it. I kissed repeatedly (obediently) the giant Robert Smith poster I had in my room. I new all the lyrics although understood only half of what they said. I danced, sang and cried to their songs. I was such a fan I had to stop listening to their music at all, like an addict giving up for good. I had to make room in my brain for new music and I also decided The Cure was not good after the “Disintegration” album and moved on. Years passed.

Then maybe what I felt on the bus ride wasn’t mere recognition or emotional attachment. Maybe their music WAS good, after all. So good it made me feel again (and again and again) that weird mixture of sadness and joy, so many years later, no longer scared and bored.

Rareza

June 17, 2009

ChrisJ_expoNo tiene nada de raro alguien que haga dibujos de gran escala (hasta 2 metros en alguno de sus lados) con lápices de colores y marcadores, ni tiene nada de raro que no haya estudiado artes ni se dedique con rigor a dibujar. Así como no es raro que sus dibujos hayan viajado doblados en una maleta desde una oscura (presumimos) habitación en Nueva York para ser expuestos (a regañadientes por parte del dibujante) en Bogotá, en un iluminado sótano de Teusaquillo. Eso no tiene nada de raro. Los que son raros son los dibujos. O el dibujo en sí. Porque a punta de líneas de colores forman un todo que es muy raro. Es como si tuviera uno el privilegio de observar un todo si tener que someterse al tiempo, como pasa con la música o las películas. En la simultaneidad de las rayitas percibe uno algo, y ese algo nunca termina de formarse, ni en el papel, ni en la mente. Y esa es la parte rara, y también la parte bonita que tienen los dibujos. El dibujo en general, y estos dibujos en particular, que llegaron un poco rotos.

La muestra empieza el viernes 19 de junio del 2.009, un día después del inicio de la primera exposición de la obra de Andy Warhol que acaece en esta hermosa parroquia tropical de montaña, donde como pueden ver se aprecia el arte pop y también, cosa curiosa, gusta lo raro, aunque no sea pop ni arte.

La Residencia queda en la Cra. 17 No. 39-42

Fueron por lana

April 24, 2008

Esa idea romántica que tiene la gente de que “es mejor arrepentirse de lo que se hace y no de lo que se deja de hacer” me parece un mal síntoma del exceso de entusiasmo del que padecen los pueblos con demasiado sol al año, pariente de la obsesión por triunfar en la vida, como si fuera lo único importante. Luego, aparecen algunos seres temerarios que con su heróica ingenuidad me hacen pensar que de todas maneras uno termina arrepentido de algo, haga o no haga, porque la vida es como es: absurda, triste, maravillosa, milagrosa, anodina, rara, insignificante, irrepetible.

Dos noticias: aquí tenemos a la artista italiana Pippa Bacca, cuyo performance viajero consistía en echar dedo por los balcanes vestida de novia para promover la tolerancia, en una absurda apuesta por la confianza en la especie humana. Quería llegar hasta Israel, pasando por Siria, pero fue violada y asesinada en Turquía.

Y ahí está también el sacerdote brasileño Adelir De Carli, que se fué montado en unos globos con helio para romper un récord y levantar fondos por una mayor cantidad de paraderos para los camioneros, y anda desaparecido en la inmensidad del cielo de su fe, o el océano de su ambición.

No sé.

Aleteo

March 13, 2008

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“Pasa todo el tiempo” me dijo una secretaria. “Y eso que los vidrios están sucios”, añadió.

No sé por qué lo vi. Quizás el movimiento extraño de sus alas me llamó la atención. Agonizaba sobre el cemento, al lado del edificio de la facultad de artes. Pensé que el concreto era muy feo y lo puse sobre un tronco.  Aún vivía cuando alcé su cuerpo suave y sorpresivamente pesado para su pequeño tamaño. Los pájaros tienen la sangre caliente. Los humanos tienen edificios frios. Maldije la arquitectura y me sentí triste. Después se puso a llover.

La risa

March 18, 2007

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¿Cómo no adorar a Quino después de vivir tantas gripas en cama leyendo mafalda? a los argentinos don Joaquín y Les Luthiers les debo muchas de las carcajadas de mi infancia.

Siempre se dice que lo más difícil de traducir es un chiste, pero quizás es un problema de las limitaciones del lenguaje del traductor, más que de barreras culturales. Esta postal, impresa y adquirida en Estambul, me hace pensar en la universalidad del humor, o la necesidad de catarsis o el goce puro que brota de una buena risa. No puedo concebir la vida sin la risa, la sensación de comunión y complicidad que trae, las cosquillas en el corazón que produce, como un estallido cristalino, quebrando la pesadez de la vida en partículas ligeras. Pienso en mis amigos más cercanos al corazón, y son aquellos con los que puedo reír y llorar a carcajadas.

No sé por qué, antes de terminar esta entrada, viene a mi mente sin avisar la voz de Roberto Benigni en Down by Law de Jarmusch repitiendo It’s a sad and beautiful world, como si quisiera recordarme que la risa sin pena no es tan buena…

Palabras prohibidas

February 16, 2007

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notas extraídas de la charla del artista uruguayo Luis Camnitzer en la Universidad de los Andes, Bogotá, Febrero 7, 2007:

Palabras que le gustaría prohibir:
Intuición, como excusa de la ausencia de explicación: el artista debe rendir cuentas acerca de lo que hace. En lugar de la intuición, propone la responsabilidad (social).
Gusto, como artefacto cultural que cohibe la libertad. En lugar del gusto, propone el rigor.
Originalidad, como base de la competencia, y en su lugar propone la ruptura.
Irracional, y en su lugar, propone la conexión inesperada de las ideas.

Esto, en vez de hacerme pensar en el compromiso social del artista, me puso a reflexionar acerca de las palabras. Creo que no prohibiría ninguna, ni siquiera aquellas con sonidos poco afortunados como “sobaco” o “juerga”. Hay expresiones coloquiales que pueden llegar a ser irritantes, tipo “severa nena” -así la susodicha tenga 58 años y sea más bien laxa- pero corresponde más al sentimiento de exclusión que generan estos dialectos urbanos, que a un disgusto puramente lingüístico. Igual no es un tema que me preocupe tanto como la mala ortografía y el empobrecimiento endémico del lenguaje.

Entiendo que lo que propone Camnitzer tiene que ver con el abuso de las palabras usadas hasta el cansancio por millones de artistas, convertidas en clichés. Sucedió algo similar con la palabra “ecología”, que tuvo que transformarse en “consciencia ambiental” para que siguieran tomándosela en serio, o la música no comercial, que en algún momento se llamó “alternativa” y al volverse comercial y todo un género, se empezó a llamar “indie”, que a su vez se volvió un género oficial para después ser reemplazada por expresiones como “avant pop”, etc.

De todas maneras el compromiso social del artista no debería ser diferente al compromiso social de un médico, un notario, un taxista, o un maestro de escuela. Al fin de cuentas, cada cual debe rendirse cuentas a sí mismo, mientras lucha por pagar las cuentas.

bluer than midnight

February 9, 2007

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As the song Devil’s Got My Woman by Skip James plays on the radio, I feel nostalgia for the unknown. Places I haven’t been to, people I’ve never met, things I’ve never done. A punging nostalgia for the impossible future, and for the impossible past. Music is a strange vehicle.

(And blogs are strange things. This post was saved as a draft for months and suddenly I decided to publish it. The feeling is not longer here, but I still like the song)…

renovación

January 15, 2007

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Los que nos hemos mudado muchas veces, por fuera y por dentro, los que hemos sufrido separaciones de afectos construídos con cariño y en el tiempo, y experimentado el desprendimiento de espacios y objetos acumulados, conocemos muy bien el otro lado del miedo y la honda tristeza que implican el movimiento y el cambio con sus rupturas: es la sensación de renovación, esa que nos impulsa a arrancar de nuevo, desde cero, a encontrar fuerza donde creíamos que nada brotaría, y a sentir la embriagante dicha de la promesa.

Al empezar el año del jabalí, que anuncia la fertilidad, finalmente tengo un nuevo website.