Archive for June, 2006

manos

June 29, 2006

las palabras que brotan de sus manos
con la luz del sol se evaporan

caminos de tinta desdibujados
una mañana que se demora

un tejido de sueños enredados
que se escapan con la luz de la aurora

solo queda la humedad en mi piel


canción nueva en español

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comunión

June 27, 2006

Todos los días oímos esta frase: nuestro siglo es el siglo de la comunicación. Es un lugar común que, como todos, encierra un equívoco. Los medios modernos de transmisión de las noticias son prodigiosos; lo son mucho menos las formas en que usamos esos medios y la índole de las noticias e informaciones que se transmiten en ellos. Los medios muchas veces manipulan la información y, además, nos inundan con trivialidades. Pero aún sin esos defectos de toda comunicación, incluso la directa y sin intermediarios, es equívoca. El diálogo, que es la forma más alta de comunicacicón que conocemos, siempre es un enfrentamiento de alteridades irreductibles. Su carácter contradictorio consiste en que es un intercambio de informaciones concretas y singulares para el que las emite y abstractas y generales para el que las recibe. Digo verde y aludo a una sensación particular, única e inseparable de un instante, un lugar y un estado psíquico y físico: la luz cayendo sobre la yedra verde esta tarde un poco fría de primavera. Mi interlocultor escucha una serie de sonidos, percibe una situación y vislumbra la idea verde. ¿Hay posibilidades de comunicación concreta? Sí, aunque el equívoco nunca desaparece del todo. Somos hombres, no ángeles. Los sentidos nos comunican con el mundo y, simultáneamente, nos encierran en nosotros mismos: las sensaciones son subjetivas e indecibles. El pensamiento y el lenguaje son puentes pero, precisamente por serlo, no suprimen la distancia entre nosotros y la realidad exterior. Con esta salvedad, puede decirse que la poesía, la fiesta y el amor son formas de comunicación concreta, es decir, de comunión. Nueva dificultad: la comunión es indecible y, en cierto modo, excluye la comunicación: no es un intercambio de noticias sino una fusión. En el caso de la poesía, la comunión comienza en una zona de silencio, precisamente cuando termina el poema. Podría definirse al poema como un organismo verbal productor de silencios. En la fiesta -pienso, ante todo, en los ritos y en otras ceremonias religiosas- la fusión se opera en sentido contrario: no al regreso al silencio, refugio de la subjetividad, sino entrada en el gran todo colectivo: el yo se vuelve un nosotros.

Octavio Paz, “La llama doble”

Matmos + Keith Fullerton Whitman

June 24, 2006

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Now, this is nice: "it's a big mess of clicky stereo freakouts, wandering sub-bass, muttered vocal-drones, atonal bleeps,completely gorgeous filtered drones, zonked modular-synth, and musique concrète with a nice almost Berlin-school ending worthy of 32:05 of your time"

It's online here

I stole the picture -a bit of photoshop added- from dublab's flickr (yesh, they've got one too!). Matmos is Matmos and Keith Fullerton Whitman is a.k.a. hrvatski.

dia del padre

June 19, 2006

seed of wonder

June 19, 2006

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I like the L.A. based net-radio dublab.com because some of the djs have a Spanish accent and while listening to their fine eclectic selection it feels good to be my age. Then, you stumble across artists like Jesca Hoop.

you talkin’ to me?

June 19, 2006

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dual

June 14, 2006

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Scott Hansen es un tipo que además de hacer una música muy bonita (tycho) es un maldito genio del diseño. Le vá bien en ambas áreas y en eso le mete un gol -ya que estamos en el espíritu futbolero y si de competir se tratara- a alguien como digamos Stefan Sagmeister, que ha hecho historia con sus carátulas de discos -entre otras maravillas- pero no sabe tocar ningún instrumento, que se sepa. Se entiende lo que quiero decir?

por qué escuchar los clásicos

June 13, 2006

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En los almacenes de discos de Japón los empleados tienen que tener entrenado el oído para reconocer las melodías que entusiastas compradores tararean, aunque sólo cuando asocian la casi siempre desafortunada interpretación con el producto de la propaganda donde escucharon ese fragmento que conmovió sus corazones, logran que el paciente vendedor encuentre lo que desean llevar a sus casas y así prolongar los 30 segundos que la pantalla les ofreció.

Aquí en Colombia supongo que también sucederá, aunque hace años no piso un almacén de discos. “Usted sabe, la flautica del yogur” – y quizás con suerte el vendedor sepa de Claude Bolling. En fin, antes de irme por las nubes, estaba pensando que los pocos momentos que tiene un consumidor común -diría persona normal, pero el otro término ya nos ubica dentro de cierto contexto- de tener cierto contacto con la música clásica son los escasos instantes en que los grandes medios la incluyen: propagandas, películas. Ya lo dijo Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados, los primeros lamentando la pérdida de la riqueza cultural bajo el contaminante virus de la comunicación masiva, los segundos celebrando la suerte de que más personas tengan un contacto, por superficial que sea, con la cultura que antes estaba reservada para las élites.

Parafraseando a Italo Calvino se abre la pregunta: ¿cuál es la música clásica? ¿Mozart, Beethoven y Bach? en la programación de las pocas emisoras de música clásica que van quedando se incluyen compositores del siglo XX, así que el término no aplica como lo haría en la historia del arte. Algunos le dicen a la música “seria” música docta o académica, para diferenciarla de otros géneros, mientras en las tiendas aún dividen las secciones poniendo en letras cursivas la palabra “clasica” e incluyendo jazz, música del mundo y otros inclasificables. ¿En qué quedamos?

Pues nada. Mi padre era melómano y crecí oyendo música clásica, entonces mi interés se centra más en el descubrimiento de nuevas sonoridades que sorprendan mi insaciable oído. Eso no me quita lo común como consumidora, claro. Entonces ayer, en los créditos finales de una película (donnie darko) que ví por tercera vez y que algún día será un clásico, sonó una música que me conmovió y resultó ser la de otra película que sí es un clásico (por quién doblan las campanas) y después de bajarla de la red y escucharla hasta el mareo sentí la urgencia de escuchar más cosas con voces, una orquesta, una estructura compleja, una composición rica, en fin, ganas de música clásica, esa “que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone”.